En el mundo del emprendimiento, el futuro puede ser incierto y cambiante. Tal es el caso de la familia Cabrera Baquero, fundadora de San Jerónimo, una de las marcas de helados más queridas y tradicionales de Colombia. Lo que comenzó como una actividad familiar en el patio de una casa en Zipaquirá, hoy se ha convertido en una empresa que produce 22,000 helados al día y se prepara para expandirse a Estados Unidos y Medio Oriente.
Un Sueño que Nace en Casa
“La idea nació por una vecina”, recuerda Gustavo Cabrera, hijo de María Asceneth Baquero de Cabrera, la fundadora de San Jerónimo. Todo comenzó con los jugos de fruta congelados que María Asceneth preparaba para sus hijos. Una vecina sugirió vender estos helados caseros, y así comenzó el negocio en el patio de su casa. María Asceneth, con su ingenio, convenció a dos colegios femeninos de Zipaquirá para ajustar sus horarios de receso, permitiéndole vender helados a ambas instituciones.
El Primer Local y el Crecimiento
En menos de tres años, el negocio familiar había crecido lo suficiente como para abrir su primer local, produciendo 600 helados diarios. Este primer local, ubicado en el kilómetro 20 de la vía Bogotá-Cajicá, fue comprado por la familia en 1965. Originalmente, el espacio compartía lugar con un taller de lubricantes, pero eventualmente, los helados tomaron tanta fuerza que el taller fue eliminado.
Hoy, este local sigue siendo el único punto de venta propio de San Jerónimo y alberga la fábrica de la compañía, desde donde se distribuyen helados a 194 municipios. Actualmente, San Jerónimo produce más de 22,000 helados al día y emplea a 80 personas de manera directa.
Superando las Crisis
El camino hacia el éxito no ha sido fácil. La primera gran crisis llegó con las deudas adquiridas para crecer el negocio, las cuales tomaron 15 años en ser pagadas. A pesar de los momentos difíciles, la convicción de la fundadora de que algún día la gente haría fila para comprar sus productos nunca vaciló.
La violencia en Colombia a principios del siglo XXI trajo la segunda gran crisis para la familia, obligándolos a emigrar a Estados Unidos tras recibir amenazas de grupos armados. Sin embargo, el negocio se mantuvo con el apoyo de terceros hasta que la familia regresó al país años después.
Internacionalización y Proyección
En 2018, la familia decidió fortalecer el gobierno corporativo y crear una estructura con proyección internacional. Actualmente, San Jerónimo trabaja en un plan de internacionalización con la meta de que sus productos lleguen a Estados Unidos, Canadá y Emiratos Árabes este 2024.
La Clave del Éxito
Para Gustavo Cabrera, la clave del éxito de San Jerónimo radica en el sabor de sus helados, hechos con frutas frescas e ingredientes naturales. “Mi mamá revisaba una a una las frutas que venían en cada canasta porque tenían que estar en perfectas condiciones”, comenta. Esta dedicación a la calidad ha llevado a la empresa a mantener la producción centralizada en una sola fábrica para garantizar uniformidad en sus productos.
El reconocimiento internacional llegó en 1992 cuando San Jerónimo recibió el Trofeo Internacional a la Calidad en Alimentos y Bebidas en Barcelona, España. Hoy, la empresa cuenta con 928 congeladores propios en Colombia, además de los ubicados en supermercados y almacenes de cadena. En 2023, vendieron 2.5 millones de helados, y en lo que va del 2024, ya han vendido 1.2 millones.
Un Legado Familiar
San Jerónimo mantiene su origen familiar. Diariamente, hermanos, sobrinos y nietos se encuentran en la fábrica, trabajando juntos para mantener el legado de doña María Asceneth Baquero de Cabrera. Su sueño es conquistar el mercado internacional y continuar siendo parte del legado de su fundadora, quien empezó todo con simples jugos caseros.















