Un reto que exige conectar formación, empresa y emprendimiento.
El desempleo juvenil en Colombia sigue siendo un desafío estructural. Aunque el país ha mostrado avances, la tasa para jóvenes entre 15 y 28 años se mantiene casi el doble que la del resto de la población. Según cifras recientes del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el desempleo juvenil en el trimestre abril–junio de 2025 fue de 15,3 %, mientras que el desempleo general se ubicó en 8,6 %.
Bogotá y Cundinamarca: luces y sombras
En la capital del país, la cifra de desempleo juvenil bajó al 15,4 %, lo que representa 29.895 jóvenes menos buscando empleo en comparación con 2024. Sin embargo, sigue siendo muy superior a la tasa de adultos no jóvenes (8–9 %).
“Este descenso muestra que las políticas de empleabilidad están dando resultados, pero no podemos conformarnos. La meta debe ser equiparar la tasa juvenil con la general y garantizar que el empleo sea formal y de calidad”, afirma Marta Gómez, directora de Empleo y Productividad de la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico.
En materia de informalidad, Bogotá presenta un 36,6 %, cifra menor al promedio nacional del 55,9 %, pero aún preocupante: uno de cada tres jóvenes trabaja sin contrato formal ni prestaciones.
La fuerza del emprendimiento rural
Lejos de los centros urbanos, el campo también ofrece soluciones. En 2025, el programa SENA Emprende Rural apoyó 231 planes de negocio rurales en todo el país, brindando capacitación, asistencia técnica y acceso a financiación.
“En las zonas rurales, el emprendimiento no solo genera ingresos, sino que fortalece la economía local y evita la migración de jóvenes hacia las ciudades sin oportunidades claras”, explica Luis Fernando Ríos, coordinador nacional de SENA Emprende Rural.
Factores sociales que inciden en el empleo
Más allá de la formación y el acceso al mercado laboral, existen barreras sociales que frenan la empleabilidad juvenil. En 2024, Bogotá registró 172 embarazos en niñas menores de edad, lo que pone sobre la mesa la necesidad de programas de prevención y de reinserción escolar.
“Si no se atienden estas realidades, el desempleo juvenil no bajará al ritmo esperado. Se trata de un problema multidimensional”, advierte la economista Claudia Hernández, experta en políticas públicas de juventud.
Voces de los jóvenes
Para Mariana Torres, de 23 años y recién egresada de ingeniería, encontrar su primer empleo fue más difícil de lo esperado:
“Me pedían experiencia que no tenía. Lo que me ayudó fue una pasantía en una pyme que me permitió demostrar mis habilidades y quedarme en la empresa”.
Mientras que Julián Méndez, joven agricultor de 26 años en Facatativá, resalta el papel del apoyo rural:
“Con el SENA aprendí a llevar las cuentas de mi cultivo y ahora vendo directamente a restaurantes. Eso me ha permitido emplear a dos personas más”

Reflexión
El reto no es únicamente reducir el desempleo juvenil, sino cerrar la brecha, garantizar empleos formales y apoyar el emprendimiento como vía para generar oportunidades sostenibles.
El trabajo articulado entre Estado, sector privado y academia es la única ruta para convertir el potencial de los jóvenes en motor de desarrollo económico y social.















