Colombia cerró el ciclo de encuentros “Líderes y empresas que construyen país” el 25 de noviembre con una idea central: el país se mueve entre tensiones estructurales y ventajas reales que permitirían transformar el realismo en resultados. Energía confiable, infraestructura habilitante, adopción acelerada de inteligencia artificial y liderazgo centrado en las personas se perfilan como los pilares para recuperar productividad y sostener la inversión. Para 2026, el reto no es diagnosticar, sino ejecutar con reglas claras y confianza entre sector público y privado.
La apertura, conducida por Andrés Mompotes, dio paso a un diálogo entre Felipe Bayón, CEO de GeoPark, y el analista Ricardo Ávila. Ambos evitaron los extremos: reconocieron dificultades, pero destacaron oportunidades si se fortalecen las redes empresariales y se mantienen señales de política estables. Bayón defendió la necesidad de “todas las fuentes de energía” y subrayó que la confianza es condición para movilizar inversión privada. Ávila habló de una “mezcla de realismo con optimismo” y de salidas concretas si el sector productivo no se repliega ante narrativas pesimistas.
El hallazgo más contundente fue el ritmo de adopción tecnológica, especialmente en inteligencia artificial. Colombia exhibe niveles de apropiación superiores a los de varios países europeos en segmentos empresariales, una base que puede cerrar brechas de productividad en el corto plazo. Integrar IA de forma responsable en back‑office, analítica y mantenimiento podría añadir entre 0,3 y 0,6 puntos porcentuales a la productividad total de factores hacia 2026, con ahorros operativos de 5 a 10 por ciento en retail, energía y construcción. Ese avance permitiría crear entre 50.000 y 80.000 empleos asociados a datos, MLOps y ciberseguridad, si se articulan la formación continua y la demanda del sector real.
La energía se confirmó como condición transversal. Bayón planteó un portafolio pragmático para la transición: gas de respaldo, renovables y almacenamiento, con señales contractuales claras y licenciamiento ambiental oportuno. El riesgo de déficit de gas y posibles racionamientos —con menciones a Bogotá— obliga a acelerar inversiones y contratos de capacidad. Evitar interrupciones podría proteger entre 0,4 y 0,7 puntos del crecimiento del PIB en 2026 y reducir entre 3 y 6 por ciento los costos energéticos industriales si se consolida un esquema de respaldo y flexibilidad. En aviación, el país tiene margen para escalar una industria de combustible sostenible (SAF) apoyada en biomasa: producir entre 150.000 y 250.000 toneladas anuales al 2026 cubriría entre 10 y 15 por ciento de la demanda doméstica de jet fuel, con inversiones estimadas de 300 a 500 millones de dólares y 3.000 a 5.000 empleos directos e indirectos.
La infraestructura concentró el primer panel con voces de Latam Airlines, Construcciones Planificadas y Aecom. Predominó una convicción: pensar los aeropuertos como red y culminar con disciplina las 4G mientras se activan 5G selectivas, garantizando seguridad jurídica y provisión de agua, energía y servicios. Fortalecer los hubs de Bogotá y Medellín para irradiar crecimiento hacia los terminales regionales y digitalizar procesos puede recortar tiempos de escala entre 10 y 20 por ciento y mejorar la eficiencia operativa. En vías y logística, eliminar cuellos de botella críticos reduciría costos de transporte entre 8 y 12 por ciento en agro, comercio y construcción. La intervención en proyectos de bajo tráfico —con bajo retorno financiero pero alto impacto social— multiplicaría beneficios en acceso a empleo y servicios, con efectos sociales estimados hasta seis veces mayores que el retorno económico directo. La advertencia fue inequívoca: sin seguridad jurídica, el capital no llega.
El segundo panel, moderado por Bayón, se enfocó en liderazgo y empleo formal con Adriana Solano y Carlos Mauricio Vázquez. Solano defendió un liderazgo que pone a las personas en el centro: cada decisión empresarial tiene impacto humano, y el empleo formal es un factor de protección frente a la salud mental y la desigualdad. Vázquez complementó con la idea de liderazgo colectivo, basado en confianza y eficiencia en la administración de recursos. El panorama es exigente: cerca de la mitad de los trabajadores en Colombia permanece en la informalidad y el 60 por ciento del empleo lo generan mipymes con baja estabilidad. Aun así, hay margen: formalizar entre 300.000 y 500.000 trabajadores mediante incentivos focalizados y alivios al primer empleo ampliaría la base contributiva y reduciría riesgos pensionales, mientras la formación continua refuerza productividad y resiliencia.
La conclusión es directa:
2026 puede ser un punto de inflexión si el consenso se convierte en ejecución. Integrar IA con gobernanza y ética, asegurar energía confiable durante la transición, culminar infraestructura crítica con reglas estables y capacidad estatal en proyectos de alto impacto social, y reconectar el liderazgo empresarial con la dignidad del empleo formal. La confianza no es un eslogan, sino un mecanismo: tiempos predecibles, métricas compartidas y una narrativa que alinee inversión y bienestar. Entre barreras y oportunidades reales, el país puede avanzar si las decisiones llegan a tiempo.
















