El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) informó que la economía colombiana creció 3,6% en el tercer trimestre de 2025 frente al mismo periodo de 2024, superando la previsión media de los analistas (3,2%). Es el mayor avance trimestral desde el tercer trimestre de 2022, cuando el PIB aumentó 7,2%. Aunque la expansión estuvo liderada por administración pública y defensa (8% y un aporte de 1,3 puntos porcentuales a la variación agregada), el sector agropecuario mantuvo un desempeño positivo y consolidó su participación.
Entre julio y septiembre, el PIB del agro creció 2,4% y aportó $46,8 billones al total del PIB, que alcanzó $258,7 billones en valores corrientes. Con ello, el agro representó 9,8% de la economía en el trimestre, confirmando su rol como ancla productiva y social en medio de la normalización del ciclo.
La composición interna muestra dinamismo desigual. El subsector de pesca y acuicultura fue el más destacado, con un crecimiento de 16,4% hasta $674.000 millones, impulsado por mejoras en trazabilidad y demanda externa. Los cultivos permanentes de café incrementaron 9,8% y sumaron $1,47 billones, apoyados en mejores precios internacionales y avances en tecnificación. La silvicultura y extracción de madera avanzó 9,4% hasta $588.000 millones, beneficiándose de ordenamientos forestales y encadenamientos con construcción y papel.
En contraste, el conjunto de cultivos transitorios y permanentes no cafeteros, viveros, caza y actividades similares registró una caída de 1,3%. Este subgrupo, sin embargo, es el de mayor peso en la canasta agrícola, con $10,2 billones, por lo que su contracción moderó el aporte total del sector. La desaceleración responde a tres factores principales: afectaciones por lluvias intensas en varias regiones, encarecimiento de ciertos insumos importados y ajustes de oferta tras los crecimientos extraordinarios de 2024 (9,4% y 10,8% en distintos trimestres), que dieron paso a una fase de normalización.
En términos de tendencia, el agro completa más de dos años en terreno positivo, aunque con senda descendente en su tasa de expansión. La producción de alimentos perecederos mostró retrocesos puntuales, coherentes con la mayor volatilidad climática y con la transmisión de costos internacionales. Aun así, la lectura macro es de resiliencia: el sector sostiene el empleo rural, estabiliza la oferta alimentaria y contribuye a la balanza comercial en rubros clave.
Para el análisis sectorial, la economista Jackeline Piraján (Scotiabank Colpatria) señaló que actividades como agricultura y entretenimiento exhiben desaceleración, pero mantienen balances positivos, señal de que el impulso agregado se está diversificando. En la práctica, esto sugiere que, de persistir condiciones financieras y climáticas manejables, el agro puede seguir anclando la recuperación sin presionar al alza los precios de alimentos de forma generalizada.
De cara al próximo año, los frentes estratégicos pasan por mejorar la gestión de riesgos climáticos, asegurar disponibilidad y precios de insumos, y profundizar la adopción tecnológica (datos, riego eficiente y trazabilidad) para sostener productividad y márgenes. En un trimestre de crecimiento superior al esperado, el 9,8% del PIB agrícola confirma que la economía real se apoya en el campo, y que su desempeño es decisivo para la estabilidad de ingresos, empleo y abastecimiento en Colombia.















