El peso colombiano cerró 2025 con una apreciación del 14 % frente al dólar estadounidense, impulsado por diversos factores tanto locales como internacionales. Según un análisis de Bancolombia, esta tendencia podría mantenerse durante 2026, con un dólar que promediaría los $3.878. Sin embargo, persisten riesgos significativos que podrían alterar este escenario, relacionados con la política monetaria, el manejo fiscal del Gobierno y las dinámicas del mercado global.
Factores que impulsan la revaluación del peso colombiano
1. Debilidad del dólar a nivel global
El índice DXY, que mide el desempeño del dólar frente a una canasta de seis monedas fuertes, cayó un 9 % en 2025. Este comportamiento refleja la pérdida de confianza en los activos estadounidenses debido a la incertidumbre económica global y las políticas comerciales de Estados Unidos. Como resultado, los inversionistas buscaron refugio en activos alternativos, como el oro y monedas de mercados emergentes, incluido el peso colombiano.
2. Remesas y carry trade
A nivel local, las remesas han tenido un desempeño excepcional, inyectando liquidez en el mercado cambiario y fortaleciendo la demanda de pesos. Además, el carry trade ha favorecido al peso colombiano, ya que las altas tasas de interés locales (cercanas al 13 %) han atraído flujos de capital extranjero. Los inversionistas aprovechan la diferencia entre las tasas de interés en Colombia y otros países, generando presión a la baja sobre el dólar.
3. Monetizaciones del Gobierno
El Ministerio de Hacienda monetizó cerca de US$3.000 millones de los US$5.000 millones obtenidos por la venta directa de TES en diciembre de 2025. Estas operaciones han incrementado la oferta de dólares en el mercado, contribuyendo a la apreciación del peso. Sin embargo, esta estrategia también plantea desafíos fiscales a mediano plazo, dado el costo elevado de financiamiento (tasas cercanas al 13 %) asociado con estas emisiones.
Riesgos que podrían alterar la tendencia de revaluación
1. Incremento en la tasa de interés del Banco de la República
El Banco de la República podría verse obligado a subir su tasa de interés para contener los efectos inflacionarios derivados del aumento del salario mínimo (23 % para 2026). Si bien esta medida podría atraer más flujos de capital extranjero, también aumentaría los costos financieros para el Gobierno y las empresas, afectando el crecimiento económico.
2. Deterioro de las finanzas públicas
El aumento del salario mínimo, junto con el elevado costo de financiamiento derivado de las recientes emisiones de TES, incrementará la carga fiscal del Gobierno en 2026. Fitch Ratings ya recortó la calificación soberana de Colombia de ‘BB+’ a ‘BB’ con perspectiva estable, citando el deterioro fiscal como la principal causa. Este escenario podría generar desconfianza entre los inversionistas y presionar al alza el dólar.
3. Incertidumbre política y proceso electoral
El ambiente político de 2026, marcado por las elecciones, podría generar volatilidad en los activos locales. La incertidumbre sobre las políticas económicas del próximo Gobierno podría reducir el apetito de los inversionistas extranjeros por instrumentos denominados en pesos, debilitando la moneda.
4. Dependencia de las monetizaciones
Aunque las monetizaciones han sido efectivas para fortalecer el peso en el corto plazo, esta estrategia no es sostenible a largo plazo. La venta de dólares reduce las reservas internacionales y aumenta la exposición del país a choques externos. Además, la monetización excesiva podría generar desequilibrios en el mercado cambiario si no se acompaña de medidas estructurales.
Proyecciones para 2026
Según Bancolombia, el dólar promediará $3.878 durante 2026, sustentado por la debilidad global del dólar y los flujos de capital hacia Colombia. Sin embargo, el informe advierte sobre riesgos significativos a la baja, especialmente en el primer semestre del año, debido a la posibilidad de nuevas monetizaciones por parte del Gobierno.
A pesar de esta perspectiva optimista, persisten riesgos al alza para el dólar asociados al deterioro fiscal y la incertidumbre política. El desafío para el Gobierno será encontrar un equilibrio entre las políticas de estabilización cambiaria y la sostenibilidad fiscal.
Recomendaciones para mitigar los riesgos cambiarios y fiscales
1. Diversificar las fuentes de financiamiento
El Gobierno debe reducir su dependencia de las monetizaciones y explorar alternativas de financiamiento menos costosas, como emisiones en mercados internacionales o acuerdos bilaterales con tasas más competitivas.
2. Fortalecer las reservas internacionales
Mantener un nivel adecuado de reservas internacionales es crucial para enfrentar posibles choques externos. El Banco de la República debe ser cauteloso al autorizar nuevas monetizaciones que puedan comprometer la estabilidad de las reservas.
3. Mejorar la confianza inversionista
El Gobierno debe priorizar la estabilidad macroeconómica y fiscal para recuperar la confianza de los mercados internacionales. Esto incluye implementar reformas estructurales que reduzcan el déficit fiscal y mejoren la calificación crediticia del país.
4. Promover la productividad y la inversión extranjera directa
Para reducir la dependencia del financiamiento externo a corto plazo, es fundamental atraer inversión extranjera directa (IED) en sectores estratégicos como infraestructura, energía y tecnología. Esto no solo generará empleo, sino que también contribuirá a estabilizar el tipo de cambio.
5. Monitorear el impacto del salario mínimo
El Gobierno debe realizar un seguimiento cercano al impacto del aumento del salario mínimo en la inflación, el empleo formal y las finanzas públicas. En caso de ser necesario, se deben tomar medidas correctivas, como ajustes en la política fiscal o monetaria.
Reflexión:
El peso colombiano enfrenta un 2026 lleno de oportunidades y desafíos. Si bien la moneda se ha beneficiado de la debilidad global del dólar y de factores locales como las remesas y el carry trade, los riesgos fiscales y políticos podrían revertir esta tendencia. El Gobierno debe actuar con prudencia, implementando políticas que fortalezcan la confianza inversionista y garanticen la sostenibilidad fiscal a largo plazo.
El éxito en la gestión de estos desafíos determinará si Colombia puede mantener un peso competitivo y estable en un entorno global cada vez más incierto. La clave estará en equilibrar las necesidades de corto plazo con las prioridades estructurales, asegurando un crecimiento económico sostenible y una mayor resiliencia frente a las fluctuaciones externas.















