Desde finales de los años 90, el impuesto del 4×1.000, conocido oficialmente como Gravamen a los Movimientos Financieros (GMF), se ha mantenido como una medida de emergencia que nunca fue desmontada. Aunque en su origen buscaba enfrentar una crisis financiera, hoy es señalado como un obstáculo para la economía y el acceso al crédito en Colombia. Expertos del sector financiero, como Juan Rafael Pérez, CEO de BTG Pactual, y analistas económicos, coinciden en que su eliminación es «urgente y necesaria» para modernizar el sistema tributario y mejorar la competitividad del país.¿Por qué es necesario eliminar el 4×1.000?
Durante un reciente foro económico, Juan Rafael Pérez afirmó que mantener este impuesto es «contraproducente», ya que afecta negativamente la capacidad de acceso al crédito y aumenta su costo para la población. Según Pérez, “no podemos seguir insistiendo en políticas fracasadas con responsabilidad”, refiriéndose al impacto que tiene este gravamen sobre el sistema financiero y la economía en general.
El 4×1.000, que grava con un 0.4% las transacciones financieras, desincentiva el uso de medios bancarizados, fomenta el uso de efectivo y, en consecuencia, dificulta la lucha contra la evasión fiscal y la corrupción. Además, encarece las operaciones financieras, afectando tanto a los ciudadanos como a las empresas.
Propuestas para desmontarlo: Un camino gradual
El precandidato presidencial Mauricio Cárdenas ha propuesto una estrategia para eliminar gradualmente el 4×1.000, reduciendo un punto cada año hasta que desaparezca por completo en 2030. Según Cárdenas, esta medida incentivaría el uso de medios electrónicos de pago, reduciendo la dependencia del efectivo, que está asociado con problemas como la corrupción, la inseguridad y la evasión fiscal.
“Reducir el uso del efectivo no solo moderniza la economía, sino que también mejora la transparencia y la trazabilidad de las transacciones”, afirmó Cárdenas.
El desafío fiscal de eliminar el 4×1.000
A pesar de los beneficios potenciales de su eliminación, el principal obstáculo radica en su impacto fiscal. Según un análisis de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el 4×1.000 representa aproximadamente el 5% del total del recaudo tributario en Colombia, lo que equivale a cinco veces lo recaudado por el impuesto a la gasolina. Este ingreso es crucial para el equilibrio fiscal del país.
“Eliminar este impuesto sin una fuente alternativa de ingresos podría generar un déficit significativo en las finanzas públicas”, advierten los expertos. Por ello, cualquier propuesta para desmontarlo debe ir acompañada de un plan claro para reemplazar los recursos que actualmente genera.
El impacto histórico del 4×1.000
El 4×1.000 nació en 1998 como una medida temporal durante la crisis financiera de la época, iniciando como un impuesto del 2×1.000. Sin embargo, con el tiempo, pasó de ser una solución de emergencia a convertirse en una herramienta permanente de recaudo para el Estado. Hoy en día, se aplica a una amplia gama de movimientos financieros, desde transferencias hasta retiros, y afecta a todos los colombianos que utilizan el sistema bancario.
¿Qué opinan los expertos?
Desde el sector financiero, la eliminación del 4×1.000 es vista como una oportunidad para fortalecer la bancarización y reducir los costos asociados a las transacciones financieras. Según Juan Rafael Pérez, “la industria financiera está haciendo grandes esfuerzos para maximizar los beneficios de los colombianos, pero impuestos como este dificultan el progreso”.
Por el contrario, algunos analistas argumentan que su eliminación podría desestabilizar las finanzas públicas si no se encuentra una solución adecuada para reemplazar el ingreso que genera. Como respuesta, el Ministerio de Hacienda ha indicado que, por ahora, el tema está en consulta pública y no hay decisiones inmediatas.
La estrategia para avanzar: Un enfoque equilibrado
Eliminar el 4×1.000 requiere una estrategia gradual y bien planificada que incluya:
- Reducción progresiva del impuesto: Implementar un esquema como el propuesto por Mauricio Cárdenas, reduciendo un punto por año hasta su eliminación total en 2030.
- Fomento de la bancarización: Promover el uso de medios electrónicos de pago mediante incentivos fiscales y educativos.
- Identificación de fuentes alternativas de ingresos: Diseñar nuevos impuestos o ajustar los existentes para compensar el déficit que dejaría la eliminación del 4×1.000.
- Reforma estructural del sistema tributario: Aprovechar la oportunidad para modernizar el sistema fiscal colombiano, haciéndolo más eficiente y equitativo.
Conclusión: Un paso hacia una economía más moderna
La eliminación del 4×1.000 no solo es una demanda del sector financiero, sino también un paso necesario para modernizar la economía colombiana. Aunque representa un desafío fiscal, su eliminación gradual y acompañada de medidas complementarias podría incentivar la bancarización, reducir el uso del efectivo y mejorar la competitividad del país.
El debate está abierto, y el futuro del 4×1.000 dependerá de la capacidad del gobierno y los legisladores para encontrar un equilibrio entre las necesidades fiscales y el desarrollo económico. Como señala Juan Rafael Pérez, “eliminar este impuesto no es solo un sueño del sector financiero, es una oportunidad para transformar la economía y beneficiar a toda la población”.















